El cartel de Sevilla 2026: cuando el diseño deja de anunciar para empezar a contar

Matadora | 9 de febrero de 2026

Cabecera

En este artículo

“Este es el día en el que esta Real Corporación homenajea al arte, a la pintura”. Con esa frase Juan Maestre resumió, quizá sin pretenderlo, el verdadero sentido del cartel que cada año anuncia la temporada taurina en Sevilla: no un simple soporte publicitario, sino una declaración estética.

El de 2026, firmado por el creador checo Georg Dokoupil y protagonizado por Morante de la Puebla, confirma que la Maestranza sigue entendiendo la comunicación taurina como un territorio de arte contemporáneo.

La obra desvelada a mediodía no se comporta como un cartel al uso. No hay fotografía, ni realismo descriptivo, ni jerarquías limpias propias del diseño comercial. Lo que aparece es un gran cuaderno de artista trasladado al espacio público: trazos nerviosos, manchas carmín, figuras superpuestas y un relato visual fragmentado que condensa varios lances de la lidia en una sola superficie. Más que anunciar una feria, el cuadro parece querer capturar su pulso.

 

Un lenguaje gráfico que renuncia a lo cómodo

Dokoupil ha construido la imagen en una monocromía roja que lo invade todo. El color actúa como unificador emocional y simbólico: no describe, sugiere; no decora, hiere. El dibujo se mueve entre la línea y la mancha, entre el apunte rápido y la pintura expresionista. No hay voluntad de pulcritud, sino de verdad. Esa imperfección calculada es precisamente lo que otorga carácter al conjunto.

La composición rompe con el cartel taurino clásico. No existe una escena única ni un héroe centralizado. El ojo salta de un muletazo a otro, de un toro a una figura de espaldas, como si asistiera a una secuencia cinematográfica. Es un collage narrativo que exige una mirada activa y que convierte al espectador en lector de imágenes.

Incluso el texto —“TOROS EN SEVILLA 2026”— renuncia a la tipografía digital para convertirse en escritura manual, integrada en la misma materia pictórica. La información no se superpone a la obra: forma parte de ella. El mensaje es claro: primero el arte, después la función publicitaria.

 

Morante como icono plástico

El autor ha elegido a Morante de la Puebla como eje del relato visual. “No hay torero que tenga mejor figura”, señaló el propio Dokoupil entre aplausos. El pintor llegó a realizar varios cuadros hasta alcanzar el definitivo, en un proceso creativo más cercano al estudio que al encargo gráfico.

El resultado no retrata solo a un torero, sino una manera de entender el toreo: barroca, personal, llena de pliegues y silencios.

El empresario José María Garzón, presente en el acto, bromeó con las cinco escenas representadas: “Yo lo he contratado cuatro tardes, ojalá se cumpla esa quinta”. La imagen, incluso antes de la presentación de los carteles, ya dialoga con la realidad de la temporada. Morante, protagonista y modelo involuntario, asumió el papel con naturalidad: “Va a ser mi reaparición y me encuentro muy responsabilizado con todas las expectativas que hay sobre mí”.

 

Treinta y tres años de riesgo calculado

Con este son ya 33 carteles —y 32 años de calendario— desde que la Real Maestranza decidió invitar a artistas contemporáneos para anunciar sus temporadas. Una línea no exenta de polémicas que ha reunido firmas de la talla de Barceló, Botero, Carmen Laffón, Julian Schnabel, Norman Foster o Martha Jungwirth.

El nuevo asesor artístico, el galerista Fernando Francés, explicó que el encargo pretendía “un homenaje a la tauromaquia y a la figura de Morante”, manteniendo esa vocación de mecenazgo que define a la corporación.

El acto sirvió también para anunciar que el pregón taurino correrá a cargo de Rubén Amón, presentado por Juan del Val, y para escenificar el inicio de una nueva etapa institucional. La delegada municipal Carmen María Tena y el delegado de la Junta Ricardo Sánchez subrayaron la importancia cultural de una cita que cada año inaugura simbólicamente la primavera sevillana.

 

Un cartel que no pide permiso

Desde el punto de vista del diseño gráfico, la obra asume riesgos evidentes: legibilidad compleja en formatos pequeños, reproducción difícil en soportes digitales y una estética alejada del gusto mayoritario. Pero precisamente ahí reside su potencia. No pretende agradar: pretende significar.

El cartel de 2026 es más un manifiesto que un anuncio. Convierte la comunicación taurina en un espacio de creación contemporánea y recuerda que, en Sevilla, la temporada empieza mucho antes de que suene el clarín: comienza cuando un artista se enfrenta a un lienzo en blanco para traducir en imágenes la emoción de todo un año.

Utilizamos cookies propias y de terceros para conocer los usos de nuestra página web y poder mejorarla, adaptar el contenido a tus gustos y personalizar nuestros anuncios, marketing y publicaciones en redes sociales. Puedes aceptarlas todas, rechazarlas o elegir tu configuración pulsando los botones correspondientes. Ten en cuenta que rechazar las cookies puede afectar a tu experiencia de compra. Para más información puedes consultar nuestra Política de cookies